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Glíptica: el arte de tallar piedras


Los orígenes de la glíptica (arte de tallar o grabar piedras), se remontan al séptimo milenio antes de Cristo. Los babilonios fueron los primeros que grabaron motivos sencillos en piedras relativamente blandas, como la serpentina, el lapislázuli o la turquesa, para utilizarlas como amuletos.

Alrededor del año 2000 a. C., los egipcios utilizaban piedras grabadas para hacer anillos. Al principio eran joyas muy rudimentarias, que constaban simplemente de la piedra en cuestión y de un cordón que la atravesaba y la mantenía sujeta al dedo.

Hacia el 1500 a. C., aproximadamente, el cordón y el hilo de oro serían reemplazados por los aros de oro, más resistentes y estables. Y con la invención de la broca giratoria y de los tornos se pudieron trabajar por primera vez el cuarzo y piedras preciosas más duras, como el rubí o el zafiro.
Las figuras más populares en esta época eran los escarabajos y las representaciones de dioses. Los egipcios también utilizaban estas gemas grabadas como sellos. Los primeros ejemplares eran cilíndricos y se usaban para dar fe de acontecimientos dignos de ser noticia, además de como collares.

Pero el arte de tallar piedras con fines decorativos también se conocía en otras civilizaciones avanzadas de la Edad Antigua. Los motivos reproducidos incluían, entre otras cosas, animales, escenas de lucha y retratos de héroes. Con el paso de los siglos, el labrado ganó en precisión y seguridad, y los motivos, en complejidad.

En la Grecia clásica, alrededor del año 500 a. C., la representación del cuerpo humano se convirtió en el tema principal. De esta época datan los primeros camafeos de gran tamaño tallados en relieve.

Sobre el año 50 a. C., en la primera época del Imperio romano, se fabricaban camafeos técnicamente muy depurados, polícromos, de tonos suaves.

En los siglos II y III d. C. se habla de las "gemas mágicas", piedras preciosas talladas con motivos relacionados con lo sagrado, con las ciencias ocultas y con la astrología. En esta época se producen en masa retratos de altos dignatarios y de poetas.

Sobre el 900 d. C., los carolingios tallaban sus grabados en cristal de roca. Destacan también las joyas de la Dinastía Hohenstaufen de los siglos XI y XII. Un dato interesante: Federico I de Hohenstaufen, apodado Barbarroja, está considerado como el introductor de la heráldica en la glíptica, por su innovadora técnica de lucha. Los escudos se utilizaban cada vez menos como distintivos de grupos enteros. Sin embargo, los caballeros empezaban a usar su escudo de armas para sellar documentos oficiales. El anillo con sello se convirtió así en un símbolo que distinguía a todos aquellos que podían lucir el escudo de armas de su familia.

En el Renacimiento (siglos XV a XVII), se recuperó la tradición de las gemas grabadas con motivos de la Antigüedad. París se convirtió en el centro de este arte que volvía a florecer. Muchos jóvenes alemanes de la ciudad de Idar, célebre por sus minas de piedras preciosas, decidieron profundizar sus conocimientos sobre esta disciplina y contribuyeron así a que recuperara esplendores pasados en su ciudad de origen a finales del siglo XIX. Hoy en día, Idar-Oberstein sigue siendo el centro más importante de talla de piedras preciosas de Europa.